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EN LA NOCHE TU CUERPO SE REVELA
Vengo a devolverte los artificios del Verbo
y de la Gracia.
A restituir los horizontes cernidos de tus senos,
hasta extraviarme
con el tiempo despedazado por el enigma
del oráculo.
Tú me esperas como siempre, con el ansia en vigilia,
cómplice de la vehemencia y el sosiego.
Yo marcho por ese laberinto de íntimas palomas
para multiplicarte como a los peces y los panes,
organizando los equinoccios de esta habitación
que te revela
como la insomne huésped de mi cuerpo.
Separo la morbosa corola de la noche,
la que estalla en el diamante remoto de tus ojos encendidos,
mientras Van Goh, sublime y pretérito
como un aluvión de plata
siluetea su locura, sembrando de pájaros en vuelo
tu cuerpo frutecido.
Aparecen los pezones de sementeras levitadas
líricos botones abiertos a la sombra.
Y en ese instante
como un fauno escapado de un cuento clandestino
bojeo con mis manos tu cintura.
Voy por esa arcada de sueños, lento
y mis dedos jubilosos
se hacen plenos de miel
abejas y lloviznas.
Allí acaricio los residuos que me dejó la primavera.
Separo la orquídea de tus muslos planetarios
quiero perderme
en su territorio de gacelas sacrificadas
a los dioses del ardor
y mis ancestros.
Conquisto el sándalo que emana de tu piel,
voy a tu avidez
a tu ebriedad.
Ahora que tu pubis aguarda agazapado
en su perfume de Siempre vivas y Gardenias,
listo a saltar sobre mi bastión, como un caracol
en éxtasis.
Llego como un blasfemo impenitente
a la audacia de tu sexo abierto a mi sed
-cancela accesible al vino puntual-
y te penetro lento y cordial, como un sol.
En el aire hay algo parecido al temor,
pero el mundo se ovilla en este instante
se hace menos tempestuoso, más humano.
Todo nos va devorando la sangre, nos transforma
consumiéndonos en la cópula
que sutura nuestro tiempo.
Todo yace en un prodigio de frutas
en la ungida ceniza clerical
en la eclosión de tus orgasmos inmortales.
Luego me marcharé en un exordio de aves taciturnas
con el canto verde en la garganta
Me iré a la otra vida, la que late fuera del corazón
colgada por un hilo insomne
Me iré marcado por el hechizo del amanecer
junto a al polvo disgregado en las leyendas
amatorias.
Quedarás sola, con la canción de la justa soledad
salvada en sus náufragas aristas;
intima canción
apta para el estuario de tu cuerpo.
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